Alguien dijo:



Ninguna mar en calma hizo experto a un marinero.





Un marido, echando de menos el cariño del noviazgo, le dice a su mujer: “María, ¿te has fijado que la vecina besa todos los días a su marido cuando se van al trabajo? ¿Por qué no haces tú lo mismo?”. La mujer se queda pensativa y responde: “Lo puedo intentar, pero no creo que le siente nada bien a su mujer!!”





No estudiamos y aprendemos cosas nuevas cada día para saber más, lo hacemos para ignorar menos.





Un hombre accidentado termina por error en la puerta de urgencias de un psiquiátrico. Un loco coje su documentación y llama a su mujer. Ésta, tras escuchar las primeras frases le pregunta alarmada: “Pero entonces ¿cómo se encuentra mi marido?”. Contesta el loco: “De cintura para abajo está muy bien, muy bien. No debe preocuparse lo más mínimo”. “¿Y de cintura para arriba?”. El loco se queda pensativo: “Espere un momento”. Al cabo de unos minutos vuelve y le dice: “Tiene que esperar. Esa parte todavía no la han traído”.





El primero en pedir perdón es el más valiente, el primero en perdonar, el más fuerte y el primero en olvidar, el más feliz.





“Oye Juan”, le dice una mujer a su marido, “ten encuentro contentísimo esta mañana”. “Sí, es que me he encontrado un gusano en una manzana”. “¿Y por eso estás tan contento?”.  “No, lo estoy por no haberme encontrado medio”.





Siempre y cuando nos encontremos en la dirección correcta, no importa tanto el tamaño de nuestros pasos.





En un juicio el fiscal interroga al doctor: “doctor, antes de realizar la autopsia, ¿verificó si había pulso?”. “No, no lo hice”. “¿Verificó la presión sanguínea?”. “Tampoco lo hice”. “Entonces, ¿es posible que el paciente estuviera vivo cuando usted comenzó la autopsia?”.  “No”. “¿Cómo puede estar usted tan seguro, doctor?”.  “Porque encima de  mi mesa, en un tarro tenía sus sesos!!”





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